Saturday, July 23, 2005

El tiempo verdadero (Parte I)

Después de una semana en Zacapa, sin nadie con quien hablar, las palabras parecen recobrar el ritmo en mí. Quizá sería más exacto decir que soy yo quien recupera el ritmo. Cuantas cosas qué decir, cuando afuera no parece suceder nada.
Aquí les doy un cuentecito (en tres partes para que no se les haga tan pesado).


EL TIEMPO VERDADERO

Después de apagar el carro, al tratar de bajar la ventana, se quedó con la manecilla en la mano que, reseca, había cedido después de catorce años de uso. El calor de mediodía era asfixiante. Lentamente, y con mucha dificultad, hizo girar entre sus dedos la rueda de metal oxidado, hasta dejar apenas suficiente espacio para que entrara un poco de aire. Encendió el radio para pasar el tiempo. Había llegado por las niñas media hora antes de la salida. Dos señoras – seguramente esperando también a sus hijas – que platicaban junto a la puerta del colegio aun cerrada, lanzaban miradas furtivas a sus carros, para asegurarse que nadie intentaba robarlos. Al otro lado de la calle, sentado sobre el borde de una grada que daba a una cantinta, un indigente alcohólico pedía fuego a los viandantes ,para encender una colilla que habría encontrado tirada en la acera. Cambió de emisora girando el diál, hasta detenerse, más por instínto que por decisión, en esa canción que en otra época había escuchado, por donde quiera que iba, casi hasta el cansancio: “Que triste, se oye la lluvia, en las casas de cartón”. Giró nuevamente la perilla hasta sintonizar un noticiero. Luego, apagó el radio. Con un pañuelo que sacó del bolsillo de su pantalón, secó el sudor acumulado en los bordes de su naríz, bajo los soportes de sus lentes, lo guardó y recostó la cabeza sobre el asiento, dejando descansar sus ojos cerrados.
Lo despertaron unos golpecitos en la ventana del copiloto. Con caras apremiantes, Manuela y Viki, cargadas con sus mochilas, le pedían que abriera la puerta.
- Papi, estabas bien dormido – dijo Viki burlonamente.
- No, sólo tenía los ojos cerrados.
- Estuvimos ahí un gran rato tocándote la ventana.
- Bueno, pero no me van a saludar?
Ya dentro del carro, saltando desde el asiento trasero, las dos lo abrazaron por la espalda, apretando su cara contra las suyas y revolviéndole el pelo retozonamente, mientras repetían, imitándo voces en distintos tonos, entre besos intermitentes: “Hola.. mua...hola...mua... hola...mua... hola....mua...”
- Vámos ya, porque todavía tenemos que preparar maletas y su mamá nos está esperando – dijo Eduardo luchando por articular palabras, con los labios estrujados bajo las manos de las niñas ,que contorsionaban su cara como si fuera un trozo de plasticina.
Tuvo que frenar bruscamente cuando, al intentar salir del lugar donde estaba estacionado, una camioneta que venía por la calle a toda velocidad estuvo a centímetros de chocarlo.
- Niñas! Siéntense bien y abróchense los cinturones! – gritó irritado.
Manuela y Viki hicieron lo que les decía. Intercambiaron una mirada de interrogación y se encogieron de hombros.

**

Desde que salieron de casa, con el maletero del carro repleto de mochilas, bolsas y hieleras, se encontraron con largas líneas de carros, casi detenidos, que luchaban a fuerza de bocinazos por salir del tráfico. Se enfilaron por la novena calle, intentándo alcanzar el perfiérico. A la altura de la tercera avenida, tuvieron que detenerse por casi media hora, mientras cruzaba la procesión de San José. El sol seguía quemando, pegándose su calor a la piel en capas yuxtapuestas de smog y humedad. A lo largo de la avenida caminaban vendedores que ofrecían algodnes o juguetes colgados de altas astas, y fieles que se adelantaban a la procesión buscando un buen lugar para verla pasar. A lo lejos se alcanzaba a ver las puntiagudas protuberancias purpúreas de los cucuruchos, que cruzaban por entre una miríada de cabezas, como alteas de tiburones en el mar. Las niñas estuvieron al principio muy curiosas con el tumúlto de gente, pero luego se quejaron, pues tenían hambre. María, la esposa de Eduardo, también se quejó, porque decía que “con la cantidad de carros que hay en Guatemala, ya no deberían hacer las procesiones en la ciudad, a cualquier hora, como si nada”.
- Como si fuera la primera vez que nos toca esto – replicó Eduardo – a estas alturas ya deberías de estar acostumbrada a la Semana Santa de Guatemala.
**

De salida hacia el Pacíficio, se detuvieron en un Mcdonalds. Comieron en el camino. Cuando terminaron, María y las niñas se quedaron dormidas.
A la orilla de la carretera, a cada cierta distancia, se encontraba apostadas, junto a carpas empapeladas con carteles publicitarios, chicas con minifaldas de spandex azul o rojo, que ofrecían cerveza y sodas, bailando a ritmo de merengue.
Sobre el vidrio delantero, una gota caída del cielo fue dejando tras de sí una delgada veta diáfana, arrastrándo con dificultad el polvo adherido. Eduardo la siguió con la vista, hasta verla detenerse a la altura de sus ojos, incapaz de continuar. “Se secará si otra gota no la empuja” pensó. Recordó las horas que pasó de niño observando, cuando llovía, las gotas chocar contra un enorme ventanal que daba al jardín de su casa: cómo una tras otra iban dibujando caminos que luego otras seguían; cuando una se detenía, siempre había otra que, viniendo tras ella, como si la única razón de su existencia fuese el encontrar a la anterior, la empujaba por un nuevo camino, hasta que caían unidas, mimetizadas en un charquito, sobre el alféizar.
Los rayos del sol, que aun iluminaban un cielo celeste apenas enturbiado por algunas nubes, brillaban tan fuertemente que, a veces, al herir con el relfejo los ojos de Eduardo, le hacían casi imposible ver la carretera. Después de una curva pronunciada, tras un montaña, apareció un arcoiris; desapareció y reapareció varias veces escondido por la vegetación que cubría los valles; acompañó a Eduardo por la carretera, remontando el camino de sus pensamientos, a través de esa tierra guatemalteca que, a pesar de que le era propia, al ser dibujada en su mente por tantos sentimientos abstractos, viéndola en la realidad, le parecía totalmente ajena. Era extraño que en aquél paisaje, lo único que reconociera como guatemalteco, era María y sus hijas, aunque fuesen mexicanas.

**

Al llegar al hotel, el cielo se había ennegrecido. La lluvia caía copiosamente, como si de pronto se hubiera roto en el cielo una enorme pecera. Eduardo, bajo la lluvia, tuvo que sacar el equipaje del carro. A la distancia se veían relámpagos que parecían dibujar el plexo de la oscuridad, seguidos por un rugido sordo y lejano de truenos. Llovía aquí, junto al Pacífico, de otra manera, más densa, más amenazadora, pensó. María y las niñas corrieron a refugiarse en el lobby del hotel. Sólo después de haber vaciado el maletero, apareció un botones (aunque, a decir verdad, vestido con pantalones cortos, una camiseta y sandalias, no aprentaba ser un verdadero botones) con una sombrilla.
Chorreando como estaba, Eduardo se registró en el mostrador. Les asignaron un bungalow al otro lado de la recepción, frente a la piscina. El botones cargó su equipaje y los condujo hasta él; tuvo que conformarse con la negativa de Eduardo a darle propina.

Friday, July 15, 2005

Vino y Woolf

Escribir con una par de copas de más encima, es la verdadera prerrogativa que te regala un blog. Personal como un diario. Con la premura de hacerte público, aunque sea sólo en el pensamiento.
Hoy me siento... cómo decirlo... plácido. Qué placer hay en una botella de vino y un libro de Virginia Wolf! Cosas que todo el mundo hace, nada excluyente. Cosas que son posibles para todos, pero que hoy para mí, al volverse personales y exclusivas, son un placer inefable. Cosas que son del momento, y que por ser de él, dan nacimiento a la necesidad de perpetuarlas. Pienso: no sería acaso yo más que Virgina si fuera capaz de revelar las corrientes que convergen en estos instantes de vino y letras? Algo cercano a Dios sería yo si pudiera darles vida (no es esa la intención de toda literatura, crear, como El, la realidad?). Por momentos, me siento tan embelesado, que a falta de una mejor explicación, atribuyo el sentirme así a un cierto narcisismo, como una pretensión venida de un sentido estético demasiado influido por la percepción occidental. Simple sibaritismo.
Pero, sobre ese momento, pienso. Luego se hace real el ‘cogito ergo sum’. No puedo ser únicamente el placer exclusivo. No quiero. Cuando más alejado me siento de lo mundanamente asfixiante, más presiento una necesidad de volver a mí. Pienso, exaltado por el alcohol, y me siento ‘trascender’.
Pienso en alcanzar ese tiempo en el que Woolf descubría una realidad inexpresada hasta entonces: la de cada momento y vivencia cotidiana que se acompaña de pensamientos que regalan a ese vivir una particularidad y esponteneidad personales, tal y como se siente el existir. Y entonces pienso en Proust, viviendo en la misma época, transformando cada instánte de su vida en algo patente, a través de la literatura, igual que ella, pero desde un ángulo distinto, quizá hasta opuesto, el de los sentimientos. Eran los dos parte de una época donde nuestra realidad personal, subjetiva, era una explanada inexplorada, tal véz enunciada como existente, pero nunca descrita con puntos y comas y a,b,c’s.
Cómo me siento existir realmente, como si sus palabras fueran una luz que mostrara el fondo de mi ser, de lo que ‘realmente’ creo ser. Todo lo demás, lo que sale afuera, es oscuridad, o como diría Woolf, a lo sumo, una pequeña parte de mí que sale a la superficie.
Entonces, pienso. Y me veo frente a una botella de vino – un casillero del diablo horrible, de lo peor, por cierto - en un tiempo en el que aunque fuera ellos, sería otro (aunque yo pudiera escribir). Es mi tiempo uno en el que se escriben blogs. Los libros epistológicos han quedado atrás, sin que nadie los extrañe. Sigo bebiendo. Publico. Intento pensar.

Sunday, July 10, 2005

Los signos de un mejor mañana

De qué me sirven tantos buenos signos?
El ave muerta y mano ennegrecida?
El doguillo, joyel incomparable
que la luz de la lámpara me envía?

Apartado de todo humano goce,
mi sola compañera es mi desdicha.
Por qué no está ya el templo en la ribera?
Por qué no enlaza el puente ambas orillas?

Goethe

Saturday, July 09, 2005

Meditar? III: Yo (el Tiger)

Hoy no hay por qué explicar. Me siento cansado. Cansado de creer que no soy yo el que despierta cada día.

DE LOS SUEñOS QUE SE QUEDAN DORMIDOS

Todos los días me despiertan mordiscos de asfalto
bajo un camisón que esconde piernecitas de hormigón.
Yo y mis alpargatas y una voz diminuta
seguimos durmiendo aunque lo demás se vaya a trabajar.

¿Quién es ése con los labios de humo?
¿Por qué ha guardado su conciencia en una cajetilla de cigarros?
Soy un cigarro a medio fumar.
Las piernas no quieren aprender a hablar.

¿Qué tierra es ésta donde he despertado?
¿Por qué quema tanto su polvo pegado en los labios?
“Despertáme cuando las crisálidas no caigan al suelo,
tostado su cascarón, reseco por no haber sido.”

Las calles están empedradas con quemaduras
donde han ído a dormir las últimas formas:
han dejado atrás a los caracoles sin tiempo,
y en su lugar han venido las fábricas
con cerebro.

“Tocá diez horas de una melodía mentirosa
de donde salga la espera de la selva primera”.
le digo todas las noches sin recibir respuesta;
ninguna de las olas que caen del cielo
roza el cuerpo del que está hambriento.

Al amanecer me despierta un olor de palabras:
“Tomá de un vals los pasos quebrados,
para que aprendan a bailar sin ritmos ajenos
las febriles tareas del que desespera”

Se peina despacio el humo asueñado.
Se ajusta la corbata el hormigón agrietado.
Todos caminan de mañana con el sol bajo el brazo,
y Yo, me he quedado dormido en la cama.

Monday, July 04, 2005

Meditar? II

Traiendo la poesía hasta el otro extremo de la historia, a tiempos contemporáneos, se ve que habla casi en los mismos téreminos acerca de esa búsqueda interminable del que escribe.
Por ser tan palmaria esa búsqueda en su poesía, García Lorca es mi preferido. Su manera de recrear el mundo desde el interior, no interiorizando lo que ve, sino haciendo depender de él a todo lo que lo rodea, como sujeto que hace posible su única realidad, me renueva la esperanza de encontrarme algún día conmigo mismo.
Qué descubrimiento es ver Nueva York arrellanado en el yo de Federico. Qué triste y duro es ser “yo”: éste es el camino que se descubre en el siguiente poema sacado de Poeta en Nueva York.

Federico García Lorca
Poema Doble del Lago Edén

Era mi voz antigua
ignorante de los jugos amargos.
La adivino lamiendo mis pies
bajo los frágiles helechos mojados.

Ay voz antigua de mi amor!
Ay voz de mi verdad!
Ay voz de mi abierto costado,
cuando todas las rosas manaban de mi lengua
y el césped no conocía la impasible dentadura del caballo!

Estas aquí bebiendo mi sangre,
bebiendo mi humor de niño pasado,
mientras mis ojos se queman en el viento
con el aluminio y las voces de los borrachos.

Dejarme pasar la puerta
donde Eva come hormigas
y Adán fecuanda peces deslumbrados.
Dejarme pasar, hombrecillos de los cuernos,
al bosque de los desperezos
y alegrísimos saltos.

Yo sé el uso más secreto
que tiene un viejo alfiler oxidado
y sé del horror de unos ojos despiertos
sobre la superficie concreta del plato.

Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.
Mi amor humano!

Esos perros marinos se persiguen
y el viento acecha troncos descuidados.
Oh voz antigua, quema con tu lengua
esta voz de hojalata y de talco!

Quiero llorar porque me da la gana,
como lloran los niños del último banco,
porque no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que ronda las cosas del otro lado.

Quiero llorar diciendo mi nombre,
rosa, niño y abeto a la orilla de este lago,
para decir mi verdad de hombre de sangre
mantando en mí la burla y la sugestión del vocablo.

No, no. Yo no pregunto, yo deseo.
Voz mía libertada que me lames las manos.
En el laberinto de biombos es mi desnudo el que recibe
la luna de castigo y el reloj encenizado.

Así hablaba yo.
Así hablaba yo cuando Saturno detuvo los trenes
y la bruma y el Sueño y la Muerte me estaban buscando.
me estaban buscando
allí donde mugen las vacas que tienen patitas de pajes
y allí donde flota mi cuerpo entre los equilibrios contrarios.

Que no hay jachis

Ay tiriti tiriti trau
Y yo me meto en la cama y asi los nervios se calman,

Igual que un viejo vicio, te dejo atras.
Y ahora quien sera mi amigo? quien sera mi amante?
Y de nuevo yo. Siempre yo.

Y yo pensando en el chocolate, de rechupete.

Friday, July 01, 2005

Meditar?

Aunque la poesia es un medio de expresion que cada vez esta mas relegado a las aulas, tornandose cada vez mas ajeno a lo cotidiano y, por tanto, al arte contemporaneo, su validez como reflejo del sentimiento humano sigue siendo inigualable. Estamos cada vez menos acostumbrados al esfuerzo que requiere el abstraer ideas-sentimientos de las palabras, nosotros los disciupulos del cine MTV-sado. Probablemente la mayoria de mis lectores - mmm... eso suena a columnista famoso, no? pero eso de la mayoria se lee entre lineas asi: dos de los tres lectores - dejaran de leer esta publicacion ante el menor indicio de 'poesia'. No me queda mas que hacer el intento, esperando que alguno se tome unos minutos para entender la poesia como una meditacion: abstraerse, releer y cavilar sobre los signos entre letras. Con esa intencion en mente, quiero compartir algo de mi poesia preferida.
El primer extracto no es, en regla, poesia. Pero se adecua precisamente al concepto que queria transmitir, a saber, entender la poesia como forma de meditacion. Es poesia en su forma mas pristina y pura.

PS Me excuso por las tildes... no encuentro como ponerlas en la Mac.

Del Brihadaranyaka Upanishad
Primer Adhaya: Cuarto Brahmana

En el principio solo existia el Ser, en la forma de una persona.
Aquella miro a su alrededor, y no vio nada excepto su propio Ser.
Lo primero que dijo fue: "Yo soy"; asi fue como pronunciando su nombre, se
conviritio en yo. [...]

Tuvo miedo; por consiguiente todo aquel que esta solo tiene miedo.
Mas penso: "Si no hay nadie mas que yo mismo, por que tengo miedo?
En verdad el miedo no dura mas que un segundo. [...]

En el principio solo existia el Ser, unico. Aquel tuvo un deseo:
"Quiero una esposa para que me de descendencia y riqueza para poder ofrecer
en sacrificios".
En verdad esto es un deseo completo, pues incluso si hubiera deseado mas,
no lo hubiera encontrado.
Por consiguiente una persona sola tiene este deseo: "Quiero una esposa para
que me de descendencia y riqueza para poder ofrecer en sacrificios".
Y si no obtiene ninguna de estas cosas, cree que es incompleto.
Este es su estado completo: la mente es su ser - el marido -, el habla es
esposa, el aliento su hijo, el ojo toda la riqueza mundana, pues el la
encuentra con el ojo, y el oido su riqueza divina, pues el la oye con
el oido.
El cuerpo - atman - es su obra, pues con el cuerpo ejecuta sus acciones.
Este es el quintuple sacrificio, pues quintuple es el animal, quintuple el
hombre y todas las cosas.
Quien esto conoce obtiene todo lo demas.

Wednesday, June 15, 2005

Rescoldo

La calle estaba inusualmente desierta. Al abrir la puerta encontré el pasillo en completa oscuridad. Inútilmente oprimí el interruptor varias veces. Se habría quemado la bombilla. Busqué a mi alrededor. No había nadie con quien quejarse. Caminé con una mano levantada frente a la cara, para protegerme de alguna pared que no hubiera visto, hasta que mis ojos finalmente se acostumbraron a la penumbra y pude encontrar la baranda. Subí las escaleras con paso cansino por el trabajo del día. Al llegar a la puerta de mi apartamento me detuve para buscar las llaves en el bolsillo de mi pantalón de gabardina kaki. Rutilaron débilmente cuando las levanté en el aire tratando de distinguir la llave de la puerta. El reverbero del metal insinuó un recuerdo en mi memoria. Cerré los ojos intentando definirlo. No pude asir nada concreto. Suspiré antes de decidirme por olvidarlo y abrí la puerta.

Tá... ta-ta-ta-tá-ra-ta, Tá....ta-ta-ta-tá-ra-ta. Esa melodía me llenó de tranquilidad. La silueta de Rocío ensimismada frente a la computadora, dibujada por la tenue luz de la lámpara de escritorio frente a ella me resultó casi sublime. Yo sabía que me había escuchado entrar, pero no se movió para hacérmelo notar. Me acerqué por la espalda y la besé en la coronilla. Ella apenas volteó y me sonrió. Continuó con lo que hacía y masculló, como si tuviera miedo de que al hablar demasiado fuerte las palabras fueran a confundirse con sus ideas: -Hola, estoy... sólo un minuto... estoy en medio de esto...
Tá... ta-ta-ta-tá-ra-ta. Fui hasta la refri y destapé una cerveza. A pesar del cansancio, me sentía casi animado. –Podríamos ir al cine. Todavía es temprano, a menos que tengas mucho que hacer – grité desde la cocina. – OK. Me vendría bien salir. Me han dicho de una buena peli que pasan, 25th hour, creo que se llama. Espera, ya termino – respondió.
Terminé mi cerveza y después de buscar los horarios en el Internet, tomamos el metro hasta la parada del parque de la Ciutadella.

Al salir del cine, en la calle, la gente paseaba bajo la luz de las farolas. Caminamos sin hablar. Apoyados sobre la balaustrada nos detuvimos a observar a un grupo que, en la playa, sentado sobre la arena, cantaba acompañado por una guitarra. Cuatro botellas de vino vacías tiradas alrededor acusaban su excesivo ánimo. Se respiraba en el aire la exaltada bienvenida del verano.
Bajamos unas escaleras, nos descalzamos y mojamos nuestros pies en la tibia resaca. Tuve ganas de nadar un rato, así que me desnudé hasta quedar en calzoncillos y le pedía a Rocío que cuidara de mis cosas. Ella se sentó sobre mi camisa con los brazos rodeando sus rodillas. Desde la distancia la vi sonreír al verme jugar con las olas; yo saltaba sobre ellas, luego nadaba bajo su reventazón o simplemente me dejaba dar un revolcón cuando alguna me tumbaba por la espalda. Jugaba con la delectación de Rocío al verme como a un niño mostrando a su madre las piruetas que podía hacer; sabía que al verme jugar me quería más.
Salí del agua un poco enfriado. Me senté a su lado a secarme con el viento, mientras ella encendía un cigarro.
– Deberíamos venir una de estas noches aquí con una botella de vino – dijo, apartando su mirada del grupo, que ya no reía con tanto alboroto – Esta semana estuve demasiado ocupada, pero ahora que termine con lo del diseño del bar, tendré más tiempo.
Pensé en la última semana. Nos vi pasearnos por la sala sin decirnos una palabra. La vi sentada frente a la computadora. Me vi tomar una cerveza solo en una terraza después del trabajo. Quise decirle que las cosas no estaban bien, pero quién podría decirlo mientras existieran más tardes como esta, con playa y vino... y con esa calma...
- Eso estaría bien. Vino y playa. Suena muy bien. – sentí sinceramente lo que decía. – Hoy podríamos alquilar algunas pelis y comprar una botella de vino y pasar el fin de semana en la cama. Ver a Edward Norton me ha dejado con ganas de ver buen cine. ¿Te gustó la película?
- Me encantó; me fascina esa idea de mostrarte lo contingente... como si existiera, sólo para decirte al final que no.
- Para mí, eso es la belleza: pretender que lo etéreo pude ser material, hacer algo real del absoluto. Pero allí es donde está la complejidad de crear algo bello, porque no puedes dejarte llevar por abstracciones o por sentimentalismos... tienes que estar anclado a este mundo para hacer que surja esa realidad aparente, o mejor dicho, hacer aparente la irrealidad.
Rocío se quedó pensativa por un momento, dialogando con su cigarro. Luego me preguntó con una mirada confusa – Oye... ¿nunca has pensado en escribir? Creo que deberías hacerlo.
- Tal vez. Siempre he querido – Me puse de pié para ponerme los jeans. – Algún día, tal vez cuando tenga cincuenta años; cuando las cosas no sean tan confusas, cuando tenga calma... mientras tanto – dije con una sonrisa maliciosa, tirándome de bruces sobre ella – tengo cosas más urgentes que atender – puse su mano sobre mi miembro, que se había puesto duro probablemente por el roce del pantalón o por saber que ella pensaba que yo podría ser escritor. Soltó una carcajada y acariciándomela por encima del tela me dijo – Uhhuu.... parece que esto no puede esperar. Venga, vamos a casa que tengo el remedio – De un empujón me quitó de encima de ella y recogió sus cosas.

Cuando íbamos de camino empezamos a tener hambre. Compramos unas hamburguesas para llevar y nos detuvimos en el video por algunas pelis; escogimos Deep Blue, que ella ya había visto pero yo no, Amores Perros, que yo ya había visto pero ella no, y Adaptation, que ninguno de los dos había visto. En la tienda paki frente a la casa, compramos una botella de un Merlot que resultó malísimo, cosa que no nos extrañó, pues había costado tres euros. De todas formas, para cuando terminamos de comer, la habíamos vaciado casi completa, sin darnos cuenta, hablando de cosas dispersas: de las peleas que teníamos con nuestros hermanos cuando niños, de nuestros perros o de los conciertos a que habíamos ido. Bajé a comprar otra botella. Cuando regresé, sonaba en el estéreo un disco de Phish. Roció fumaba un cigarro acostada en el sofá. Me recosté junto a ella. Casi no dijimos nada, ni nos movimos - excepto Rocío para poner otro disco de Phish- por un par de horas.
- ¿Sabes que hacía mucho que no estaba con alguien que pudiera escuchar Phish tanto tiempo sin desesperarse? – dijo Rocío.
- A mí me parece que esas cosas que son tontas para la mayoría de la gente, para personas como nosotras son vitales para poder estar con alguien. Igual, – dije ya de pié frente al estéreo – hasta eso tiene su límite, es hora de cambiar de música.
- ¡Oye! – se quejó Rocío imitando un puchero.
Tá... ta-ta-ta-tá-ra-ta. Ta- Tá... ta-ta-ta-tá-ra-ta... Oh it’s such a perfect day. I’m glad I spent it with you. Oh such a perfect day, you just keep me hanging on. You just keep me hanging on.

Encendí la luz, me quité la chaqueta y la dejé sobre la mesa. Fui hasta la refri por una cerveza. Le di un trago mientras encendía la tele. Las noticias hablaban de las cuentas en Miami, de dinero supuestamente robado, que le habían encontrado al ex-presidente Portillo. Cambié de canal. Un partido de los Cardenales y los Marlins. Cambié. Una entrevista con George Lucas. Otra vez. Independence Day. De nuevo. Un documental sobre la muerte de Kennedy. Apagué la tele, fui hasta el estéreo y busqué un disco de Lou Reed. No fui capaz de ponerlo. No sentía ni siquiera melancolía, era una sequedad acre . Fui al estudio y abrí la Metafísica de Aristóteles. No había nada más allá de la noche.

The Dreamers

¡Gracias a Dios por el cine europeo! (y sobre todo gracias, porque aunque escasas, se puede acceder a ellas de vez en cuando en este lado del charco).
Una película de Bernardo Bertolucci que a pesar de ser prácticamente de Hollywood, sigue la mejor tradición del cine del viejo continente.
La trama se desarrolla alrededor de tres personajes principales: un joven estudiante americano (Matthew) y dos hermanos franceses (Isabelle – ¡maravillosa diosa Eva Green!- y Theo). Los tres comparten una pasión por el cine que los llevará a conocerse en una protesta contra el despido del fundador de la cinémathèque por parte del entonces ministro de cultura Andrè Mallraux.
A través de los ojos del veinte-añero americano, Bertolucci nos presenta la perspectiva convulsa de la Francia de finales de la década de los sesenta. Nada de original en utilizar esta herramienta del extranjerismo para incluir al espectador americano en ese ambiente, en el que probablemente se sentiría demasiado ajeno si perdiera completamente el vínculo con su cultura natal. Al final resulta ser un medio sumamente efectivo pues, además de cumplir con su objetivo, permite transmitir una visión distante, tanto de la ciudad como de los dos supuestos gemelos parisienses que le acompañan a lo largo del film.
Siguiendo una línea narrativa que recuerda a Ingmar Bergman, nos lleva a través de la trama sin presentarnos un punto focal totalmente definido: como en las películas de Bergman, el tema central parece cambiar; la trama no sigue una lógica convencional, queriéndose parecer más a la vida, sin moralejas, sin puntos finales y con múltiples perspectivas.
Aunque por momentos se deje de lado, el uso recurrente de la temática cinéfila hace que la película se sienta aún más europea (la erudición es parte innegable del carácter del continente). Las discusiones eventuales sobre si la comedia de Buster Keaton es superior a la de Charlie Chaplin, o los juegos de mímica para identificar películas como Top Hat, salpican intelectualidad. Y claro, tratándose de intelectuales – al menos en ciernes - del París del 68, no podía faltar la faceta de la influencia que ejerce el espíritu comunista sobre ellos, en medio de una sociedad de la cual aún no forman parte. Es aquí donde se encuentra la médula del film: la transición que pide de los dos hermanos la revolución, desde un mundo infantil (rayano en lo incestuoso), irreal y de ostracismo, hasta ese otro mundo exterior que reclama de ellos el tomar parte con acciones y, ulteriormente, ser algo distinto de lo que pretendían ser por siempre.
Indispensable película que te deja con la necesidad de verla otra vez, lo que probablemente se deba a que está basada en un libro y por eso, igual que un buen libro, cada vez que vuelves a ella encuentras una lectura diferente.

Thursday, May 19, 2005

Una tarde en el cine

Si pudiera escribir los tonos de la vida en su simpleza y en su caos, sería dueño de toda la belleza del mundo. Sería yo entonces la vida escribiéndose a sí misma y escaparía de todo lo que no soy; en completitud sería yo pura necesidad y entelequia de voluntad. Entonces, dejaría de ser.
Cada sueño es la incongruencia de mi ser: divergencia de la realidad y deseo inagotable que motiva mi cada hacer... partenogénesis de las ideas que forman una cadena infinita de insatisfacción, abortando el día en que puedan complacerse a sí mismas.
‘Accidents will happen’ oí decir una vez a un Elvis y entendí que la tristeza no tendría final. Pero cosa extraña, lejos de angustiarme, me sentí tranquilo, como si fuera el mar olvidándose de que es agua y sintiéndose uno con la sal, parte al fin indivisible de él. Si comprendí o no lo que el piano Costello decía, no tiene ahora importancia, pues la partitura estaba ya escrita desde hacía mucho. Sin que yo lo notara, en un tiempo inmemorable, yo la había escuchado, incluso antes de nacer, en el lamento de algún moro llegado a las costas del nuevo continente o en alguna india de dudoso contorno gimiendo con las piernas abiertas a la orilla del lago, tras el maizal. ¿Podía yo escuchar?

Todo eso pensaba yo sentado frente a mi viejo escritorio mientras en una esquina esperaban ordenadamente en fila india quince libros que querían adueñarse de mí. Los vi de soslayo, con una mirada fausta. Flirteamos así un rato, intercambiando miradas e intenciones de una sensualidad intempestuosa que no lo era por sí misma, sino porque aludían al sexo de aquella mi primera amiga que me enseñó el secreto de la fascinación por los sueños mojados. Sentí ganas de fumar un Marlboro. Me olvidaba que había dejado de fumar.
Melancólico como un gato, me fui a la sala y cogí el periódico, donde leí que hoy era la tarde de un sábado consagrado a una mala película de Hollywood en el cine.
Salí a la calle. Aburrido, aletargado, preferí el mutismo a subyugarme dócilmente a esta indócil vida.
Caminé solitario por el Mall, viendo vitrinas, haciendo tiempo para que comenzara la película.‘Terrible perogrullada es el desearte’ - pensé vagamente -‘eres tú siempre la misma, amiga mía. La vida, la vida’. Vestida de luto o con el sexo imposiblemente falto de lubricación, ella era siempre la misma.
Allí la vi: estaba sentada en una banca junto a un enorme árbol artificial decorado con lucecitas y bombas navideñas. Sonreí sin saber por qué, tomé su mano y la hice caminar junto a mí. Por un momento me sentí...¿feliz? No, seguramente no, pero al menos ausente de amargura. El tiempo, al estar con ella, fluía deleznable.

La película fue olvidada tan pronto como fue vista. Salimos de la sala y atravesamos el mall en dirección hacia el parqueo. Entonces noté que su mano, arrugada y cansina, despidiendo un acre olor a recuerdo, parecía cada vez mas delgada y se desvanecía entre la mía a cada paso que dábamos. Me sentí aterrado al pensar en perderla, pero cuando quise abrazarla, ya no estaba allí. La desesperación ahora... ¿cómo tal locura y angustia pueden seguir a un momento de plena calma? No podría ya sentirla, ni aún vieja y triste como estaba. Ni siquiera eso quedaba.
Suspiré, me detuve en un quiosco y compré un paquete de cigarros. Me olvidé que había dejado de fumar. Todo eso pasaba mientras yo deseaba regresar a casa para poder pensar en ella: en ella, mi vieja, mi única amiga.

A un año de haber muerto Jaras

Con la Fatalidad en el Vientre

¿Extrañas la casa con cabeza de cielo?
¿Extrañas el alba de los días con vientre?
¿Las espesas barbas de la anciana calma?
¿Las perlas sin fondo de sonrisa refulgente?

Todos se han ido a buscarte y no te han visto volver.
Robaron tus huesos y tu carcajada hirsuta
Para pintar tu pálida palma extendida en el aire.
Se han pintado unos zapatos con la horma de tu piel.

Te buscan bajo una estera de palabras podridas o
Sobre la hamaca donde duermen sus labios.
Sacuden la noche con el silbido del asfalto o
Retuercen una tele de la que nunca se ha visto.

¿No los extrañas tú, poseído por tus hijos?
Extrañas la casa, el alba, las barbas y las perlas.
Y extrañas a la fatalidad irremisible.
Y a los niños que empujas de nuevo hacia ti,
A esos los extrañas sin haberlos conocido.
No, a los otros no los extrañas,
Ellos te quieren robar de tu muerte.

Monday, April 25, 2005

God is a DJ

En algún lugar dejé perdida mi capacidad para divertirme. Ese tiempo en el que las fiestas o los conciertos se convertían en interminables desfiles de exultación se ha separado de mí sin avisar. Tal vez esa turgente masa grasa que ahora esconde mis costillas tenga algo que ver. A lo mejor ver a mis mejores amigos casados me haya cambiado. ‘I’ve grown wiser’, prefiero pensar. El trabajo y las noches de libros se han tragado las ganas por esos excesos que terminaron por cansarme. Pero de cuando en cuando extraño ese olor a desenfreno; la acuciante premura por violentar los límites de mi imagen del bien. Ahora, en los recuerdos se viven mejor esos momentos, ya sin todas las cadenas y punzones de los que antes se acompañaban.
Viendo en perspectiva, entiendo que de atentar contra mis principios era la única manera de situar correctamente las razones que hoy rigen mi vida. En esa trapisonda hacia lugares prohibidos, aparentemente incoherente, había una búsqueda por reconocer un lugar que desde la altura del bien no se puede ver; esa explanada más allá de los deseos y del dolor está escondida bajo la colcha de la conciencia, urdida con moral y remordimiento.
En las fiestas que se alargaban hasta después del amanecer, insuflado por coca y alcohol (o algún otro bichito por allí) había esa búsqueda a la que me refiero - cuya anterior explicación podría tildarse de presuntuoso misticismo – y que considero casi requisito indispensable para cualquiera que de le vida quiera algo más que deslizarse sobre ella como un patinador sobre hielo. ¿Acaso hay otra manera de llegar a un sitio desconocido que perdiendo el miedo a extraviarse en el bosque? Aquí se entendería bien aquella frase de Blake que dice que – me disculpo por recurrir a la mas trillada de ellas - el camino del exceso lleva al palacio de la sabiduría. (obviamente, eso si ese camino no se convierte en tu covacha de domicilio permanente). En este siglo, para ingresar a la universidad de la vida debería ser prerrequisito: Drogas 101 – léase one o one - y Fiestas 102.
Las raves donde se consume droga masivamente, especialmente alucinógenas, tienen una aire casi religioso en su contexto. Adquieren un carácter social determinado por conciencias alteradas que al unísono buscan algo que no está acá. Igual que lo hacían los griegos en los ritos paganos de las olimpíadas o del Delfos. En ese entonces buscaban en lo alto, ahora se busca hacia adentro. Igual que entonces, hoy se tiene un medio para vincularse a los dioses – que como dije anteriormente, antes habitaban en lo alto y ahora en lo interno - : las lecturas poéticas, los dramas y los enfrentamientos atléticos se han sustituido por ritmos que a través de la repetición logran horadar el inconsciente. El DJ como artista es sacerdote de misas sintéticas: fabrica un lenguaje que permita comunicarse con una realidad, si no distante a la nuestra, al menos una a la que estamos desacostumbrados.
Nietzsche hablaba a principios de siglo de la inminente desaparición de la religión y vislumbraba como posible sucedáneo al arte, pues este es capaz de satisfacer esa necesidad de todos los humanos por confluir con lo trascendente. Por eso es curioso pensar en la cantidad de artistas que la era de las computadoras ha creado, al poner al alcance de cada vez más personas la posibilidad de crear en sentido artístico. El arte es la religión de los que creen… creen solo en que se debe creer.
Y mientras tanto, se me escapó otra vez ‘la diversión’. ¿Donde se metió? ¿Se habrá escondido entre las letras?

Tuesday, March 01, 2005

La sábana blanca con arena

La sábana blanca estaba llena de arena negra. Había un paquete de Marlboro Lights a mi lado, gastado y roto, pero aún lleno. Lo miré extrañado, sin saber de donde había venido. Aún en la confusión, nada resultaba incomprensible. No era situación en la que no me hubiera encontrado antes. Sabía que lo mejor era no recordar. De todas formas, el dolor de cabeza y la náusea imprudente hacían demasiado difícil el pensar.
Intenté bajar de la cama, pero estaba en una litera, y el mareo terminó por convencerme a no hacerlo. Abajo no había nada que realmente quisiera alcanzar. Allí tendido me sentía escondido, lejos del alcance de mi propia conciencia.
Después de algún tiempo, sentí movimiento abajo, y escuché unas voces sin comprender lo que decían. Decidí esperar. Cuando por fin sentí que estaban fuera del cuarto, bajé con un cigarro en la mano. Me senté en una silla que estaba en la sala de estar y fumé sin mucho placer.
Estuve así sentado sin saber cuanto tiempo, hasta que el aburrimiento me llevó de nuevo a la cama. Cuando me acosté, sentí un miedo medrando aquí dentro. Me pareció que mi nombre estaba vivo mientras le veía blandir su cola como queriendo aguijonearme. Me di la vuelta, y le atribuí el temor a los recuerdos de la noche anterior.
Soñé que dormía. Y cuando desperté todo era igual. Tampoco había nadie en el bungalow. Era todo tan sordo y tan grande que creí ahogarme en mi pequeñez. La maraña de mis días se extendía en el ambiente, inextricable, incomprensible. Sueños dilatados, todos insatisfechos, razonaban con un pensamiento propio explicando el porqué de mi sin razones. Pero mis cavilaciones se anegaron en mi abulia, angustiosa y tal ves hasta abominable, aunque igual apática al final. Esa densidad del existir me cansaba ahora mucho más que antes. Lo único patente era que esa mañana era el epítome de mi vida, negada por mí, inapetente; una mañana necia, un despertar de borrachera, sencillo e inerte.
Y pensé en ella, con ese pensar que entibia unas entrañas clamorosas por llenar el pasado con otra cosa que la realidad. Me dije que no se había perdido mucho. Fueron apenas unas cuantas palabras, unas cuantas caricias, una erección momentánea. Pero aún así no pude evitar el sufrirla sin haberla conocido, la sufrí recogiendo los hilos de esa única noche que se perdió con un hálito. Me pareció entonces mucho más: ella era la efigie de mis vacíos, esos espacios del no fue y del pudo haber sido. Desde esa mañana ella sería vago deseo en vilo eterno. Como un alud, el pasado imposible me arrastró al fondo de mí. Quise devolverme a la noche anterior, a su tacto, a ese olor a shampoo mezclado con brisa salada de mar en su pelo… pero sobre todo quise volverme a sus palabras. Creí entender que buscaban su nombre bajo mi piel. Tuve que correr al baño, y vomitar hincado en el inodoro, abrazándome a la taza. No había nadie en el bungalow.
Mi nombre cayó sobre mí. Me aplastó las ideas, arrebujó mis sueños en una sábana sucia, y yo, no supe que hacer con él.

Sunday, November 14, 2004

Hubo un tiempo

Hubo un tiempo en el que en las notas de una guitarra perseguía lo Eterno, lo Grande. Hubo un tiempo en el que los acordes sonaban a simpleza, a plenitud diáfana y mayestática. En esos días corrí tras El dejándome llevar. Siguiendo su pista caminé agitado por calles de mi tierra que se alargaban hasta cambiar de nombre y llamarse Ciudad. Hermanado a mí mismo, con epicúrea conciencia, yo era el humo de un cigarro, un absenta servido sin el cubo de azúcar que se deshace al llorar. Las pastillas y los cartones, Mitsubishi y Tin Tin.
Hasta que un día con el silencio, llegó el tiempo del Silencio, y con el tiempo, el silencio. Perdida su esencia ya no sentía su olor.
Pregunté por su rostro y vi solo cuerdas y membranas tensadas que vibraban y nada más. Entonces no creí más en El. Su nombre era tiempo con transparencia perdida; era solo segundos vestidos de colores. Pensé que era tiempo de dejarle escapar.
Me aparté y desaté el hilo que mantenía unidos mis pedazos. Me senté en la banca de un parque a verlos volar por lugares ignotos. Se elevaron y llegaron tan alto que cayeron al fondo, y con el fondo los ratos de completo silencio; es cierto que me volví más frío, más pesado al final, como si hubiera caído en el lago donde mi reflejo por primera vez fue tal cual yo era, sin orlas ni espinas.... pero también es cierto que todo apareció completo y sencillo. Era vida y nada más.
En su proteica consistencia, había conseguido mi vida ser Dios; pues cuando estuve seguro que le había perdido, allí estaba de nuevo, el Diminuto, el Inexistente, escondido en el polvo que iba dejando un chucho al correr en el parque tras una pelota azul que rebotaba y rodaba hasta detenerse sobre un montón de hojas secas, al que hacía saltar hozando con su hocico. Contento sonreí al verle llegar. Esa noche dormí tranquilo, en el calor de mi hogar, en la quietud de mi almohada, donde puse a descansar cien años que hacía tiempo llevaba bajo el brazo.
Al día siguiente le vi salpicar en las olas, perderse en la espuma y aparecer escrito en la arena que la resaca dejaba, como una partitura perfecta que solo en mis sueños había podido escuchar. Me mojó el alma dejándome, al tocar la sal mi piel excoriada, un prurito casi masoquista. Día tras día esa música etérea que antes estaba encerrada, ahora se colaba por mis fosas nasales y rezumaba por mi frente para unirse de nuevo en el retorno a lo alto. Era vida caminando, mientras yo leía mi conciencia, sentado en la arena, en un libro que Ella (que tampoco existía) me había dejado una noche junto al espejo del baño.
Desde entonces se descorría el velo tres pulgadas por día. Quedó dibujada mi silueta en las hojas del libro que leí mientras se borraba el Yo que ya no era mío. De todas las formas, de cada segundo, de momentos nacidos el uno del otro, salía yo entero, discreto y distinto. I’m Jack The Weak. Yo, el megalómano sincero e imposible.
En ese tiempo todo era verdad. Comprendía sin preguntar por los nombres. Hablaba en silencio sin confundir las ideas. Lo Eterno, lo Grande... Sus nombres como el triste tañido de la campana de una Iglesia abandonada. Palabras prescindibles, aunque al tiempo amables, eran la presciencia de esa mi vida que empezaba a brillar, volvía al origen, al corredor del colegio por el que, cuando niño, caminaba los miércoles para llegar al altar donde le pedía al crucificado que la semana siguiente musitara despacio espesas palabras que denotaran mi hado... Hasta que un día hubo un tiempo que entre las piernas de una mujer amante de mi madre, húmeda inteligencia, se abrió esa puerta al altar altitonante. Allí encontré mi piel, extendida sobre el mármol, tatuada con mis momentos, explicaciones y memorias de un tiempo que aún no conocía. Junto al libro que me había dejado, allí estaba Ella.

Sunday, October 24, 2004

El final de Cristo (Etica histórica)

La intención del mensaje de Jesús era poner a los hombres de su pueblo como centro de las leyes, filosofía que de alguna manera se ha reafirmado en el pensamiento occidental (partiendo desde de Descartes) con el nacimiento del idealismo, al revalorizar el subjetivismo como principio del conocimiento. A pesar de ello, Jesús fracasó en su objetivo, porque la mayor parte de los judíos persistieron en su posición, y no aceptaron la nueva fe profesada, siendo que por su mensaje simple proliferó más en las masas populares gentiles, sin dejar de ser enemiga declarada del judaísmo. Lo que es peor, incluso el mensaje de Cristo fue transmitido inexactamente, pues es ahora sabido por los exegetas que la interpretación que se le dio estuvo influenciada por el dominio monopolístico que de él tenían algunos apóstoles, si no con plena intención de falsearlo, al menos de cumplir el objetivo de ganar adeptos a la doctrina.
Los principios filosóficos generales del cristianismo, tales como el libre albedrío o el amor al prójimo son asumidos como verdades, cuando en realidad no tienen ningún fundamento, y son sentencias puramente intuitivas, pues se conciben como verdades a priori no deducidas, sino tomadas directamente de la palabra de Dios; son verdades dogmáticas. Aunque lo conspicuo de Jesús radica precisamente en ello, en su intuición como personaje de genio, pues adelantó en siglos al pensamiento occidental. El cree en su verdad y forja su vida de acuerdo a ella, dando un sentido a la muerte en la promesa de la vida eterna y con eso una dirección nueva a la comunidad, dejando a un lado la mezquina mentalidad judía que no conocía la inmortalidad, sin cuyo sentido trascendente de la vida, la sociedades primitivas no podían vincularse a un objetivo que les permitiera interactuar. Por eso la suerte de los judíos no es casualidad, es causa directa de su forma de ver la vida y no lograr adaptarse en la sociedad y por el contrario granjearse el odio de sus coetáneos hasta la II Guerra Mundial. Jesús habló de esos errores anticipándolos.
De cualquier forma, fueron esas nuevas verdades del cristianismo, las que (malogradas la mayoría de veces) han llevado al mundo a lo que es hoy, pues su influencia es patente, sobre todo en el mundo occidental, cabeza de guía indiscutible del mundo. Paradójicamente, su fortaleza reside quizá en su aspecto más oscuro, que es el dogmatismo; pues es una religión que se asume con gozo, con entrega total, sin requerir de sus adeptos esfuerzo para comprender las verdades supremas; no les pide que piensen: la salvación es un regalo para todos los pecadores que reconozcan a Cristo como su único salvador. Es un trato por demás conveniente que, a pesar de todo, innegablemente ha logrado que millones de personas hagan de sus vidas algo con más sentido que la destrucción. En este sentido me parece es válida como subterfugio para soslayar las mayores dificultades de la vida, pero sólo en tanto sean una forma de acceder al camino que lleva a ella, y no en como un reallano donde se obvie la búsqueda incesante de su sentido y por tanto se olvide finalmente de ella.
La religión termina siendo como esas rueditas que se colocan a la bicicleta para aprender a manejarla: ayudan a obtener una guía, pero una vez se consigue esta, resultan innecesarias y hasta un estorbo. La humanidad debe de estarle agradecida al cristianismo porque ha marcado la pauta para conformarse socialmente, y enfilarse hacia un rumbo aproximado. Pero tal vez es tiempo de afinar ese rumbo. No es inaceptable que el que así lo desee pueda seguir andando con rueditas, pero para otros, quizá sea hora de crecer.
El amor entre la humanidad y la religión cristiana se escribió con mucha turbulencia; fue un amor inmensamente pasional. Dejó mucho sufrimiento, mucha sangre y mucho dolor, pero también regaló felicidad y alivio para muchos. Para el que quiere avanzar es insostenible tanto el querer olvidarla por completo como el querer aferrarse a ella. Su mensaje será eternamente bello mientras sea al pasado a donde pertenezca.

Tuesday, October 12, 2004

Etica histórica

La religión tiene como objetivo primordial mostrar el sentido final de la vida; revelar la finalidad de la existencia del hombre. En el intento por encaminar al hombre en esta dirección, inevitablemente ha tenido que inmiscuirse en cómo este debe vivir y por eso, a través de la historia, ha cumplido con una función social, formulando indirectamente modelos organizativos. La civilización helénica, por ejemplo, partió de la tradición mitológica para formular una filosofía, que incluía la organización social, así como los judíos, se rigen con reglamentaciones (el talmud) mucho más amplias que las de las sociedades a las que se adhieren. La religión es el fundamento de donde se desprende la ley, por tanto, podríamos llamarla una metaley.
Así, las instituciones religiosas han resultado inseparables de la figura del Estado y no es sino hasta en tiempos recientes que su influencia ha menguado en el mundo occidental. Con esta nueva visión la religión tal vez pueda evaluarse bajo una perspectiva distinta que le permita revalorarse en tanto al sentido filosófico de que da a la vida en cuanto se perciba su función circunstancial y su influencia sociológica, sustrayendo el sentido dogmático de la misma.
Muchos han sido los filósofos que han desdeñado al cristianismo por resultar entre las religiones mayores como una de las más inferiores por su contenido filosófico. Se presentó en una situación y para un pueblo que estaba muy por debajo su coetánea, la civilización helénica, (o de la oriental, aunque en la época no se concibiera de esa manera) y podría decirse que precisamente fue esa inferioridad de pensamiento la clave de su éxito, pues resultaba adecuada para el vulgo, acostumbrado a no pensar y deseoso de aceptar una verdad sencilla. El concepto de un único Dios era simplificador en extremo; reducía las ofrendas y además se dejaba a designio de ese Dios todo el devenir del mundo, prescindiendo de los conflictos surgidos por la interacción de diversos dioses, que dicho sea de paso, eran representantes mucho más dignos de las fuerzas contradictorias de la naturaleza. En las religiones asiáticas, ni siquiera se presenta el teísmo y por tanto la comprensión de la naturaleza es subjetiva, es decir que sólo se puede entender desde cada persona, careciendo así de dogmas. Esto en cuanto a las desventajas, discutidas hasta la saciedad en el siglo anterior. Pero existe una contraparte, que merece ser dicha, aunque en último término sea en beneficio de muy pocos, y principalmente de quien dio origen a esta nuestra era: Jeoshua de Nazareth, el Cristo.
Situado en su contexto social e histórico, Jesús era un personaje de excepcionales características, cuyo mensaje representaba una revolución para el pueblo judío, pues se declaraba en claro conflicto contra las amplísimas reglas a las que estaba sometido como judío, y proponía una revalorización del hombre ante la ley divina, proponiendo a esta como servidora de aquél.

Me veo obligado a continuar en una tercera parte, porque a pesar de todos los esfuerzos, me fue imposible concretar en tan poco espacio... a pesar de los alegatos del tedio.

Wednesday, September 29, 2004

(Masturbador)

“Si hay manos reservadas para dirigirse al infinito y al universo, esas son las manos del masturbador” Yukio Mishima en La corrupción de un ángel

Hace unos días me hablaba un amigo acerca de mi blog. Me hablaba de lo que no había leído, porque nunca había llegado al final de un post. Y es que no me resulta nada nuevo que sea tan poco interesante lo que escribo, después de todo parece demasiado pretencioso para ser un simple blog. Tal vez sería mejor hacerlo más corto... No, creo que lo único que cabe decir es que resulta aburrido.
Esta semana tenía la intención de continuar lo escrito la anterior acerca de la religión, pero dada la libertad que me da el disponer de mi espacio como si fuera un cuaderno de apuntes, prefiero dejarlo para más adelante y hablar simplemente sobre lo aburrido que resulta. Y aunque mi intención era tocar el tema de lo aburrido en la escritura, resulta inevitable que esto no sea nada más que una apología de lo que escribo, sin importar que nadie lo lea. Algunos leen para perderse, otros para encontrarse.
Tan desesperado parezco (o lo estoy) para hacer una disquisición sobre la primera opinión que recibo (y para colmo de alguien que no lo ha leído completo). Por eso es bueno que no haga esto por dinero ni con la intención de agradar. Sólo me queda, en cualquier caso, soñar con otros aburridos igual que yo.
Es que me parece que estamos ahora los humanos (tal vez igual que siempre) tan poco dispuestos a aburrirnos. Unos por miedo a toparse con ellos mismos, y otros por lo difícil y triste que resulta tener que reinventar la vida constantemente. La costumbre nos hace rodar cuesta abajo con una sonrisa que olvida el aburrimiento del mundo. El trabajo parece ser la mejor solución para olvidar que se vive aburrido, mientras el arte busca trocar en interesante lo que de otra manera y para el resto de la gente es puro sopor. ¿Que hay más aburrido que sentarse a ver el mundo pasar por una ventana cuando no pasa nada? En la pereza del mundo está la belleza. ¿Qué otra cosa es el arte que una representación de la somnolencia de la vida? Es tal vez por eso que quien intenta hacer arte tiene que hastiarse de la vida, aburrirse de ella y en sí, ver el gran bostezo universal en toda su magnitud. Cada día más, perdemos nuestra capacidad de enamorarnos de lo estático, de lo recurrente. La modernidad ha asesinado el romanticismo. La televisión y nuestro ajetreado ritmo de vida ahogan la sublimidad de la contemplación; tomamos antidepresivos para rescatarnos del spleen... y olvidamos así las dudas que la civilización despierta. ¿Trabajo para vivir? ¿Vivir para trabajar? A mí me parece que la vida no tiene ningún sentido en sí.... y aquí me detengo sobre un comentario que Marito (el amigo que dio pie a este artículo) me hizo: “Escribís demasiado existencialista” Tiene razón. No puedo evitarlo. Me aburro. Y tal vez sea solo yo, pero así siento su cadencia. Sé que la vida no tiene sentido en sí, sino el que uno mismo le da; porque se construye a sí misma sobre fantasmas de todo tipo, no nos queda más que escoger las mentiras en las que hemos de creer a lo largo de nuestra vida. Y si alguien dijera que es malo creer en mentiras, yo contestaría: naturaleza humana. Hasta el amor no es sino el sueño de entretenerse juntos.
Nuestros tiempos parecen esconder bajo el entretenimiento del cine, sus letras, las drogas (legales o no), el Internet y la tecnología, seres humanos demasiado contemporáneos, ajenos al dolor del pasado, o a la imposibilidad de evitarlo. Somos seres demasiado entretenidos. Estamos muy cómodos.
A mí me sucede que me aburre tanto entretenimiento. A otros les sucede lo contrario. Me gusta entretenerme conmigo mismo y jugar a ser el masturbador que sueña con el universo del placer ingénito de mi propio ser. La masturbación existencial también entretiene.
En un tiempo de mi vida en que ávidamente busco sonreír más, sueño con despertar junto a mis amigos aburridos... la sonrisa se esconde bajo el bostezo.

Wednesday, September 22, 2004

La religión de ayer

Nietzsche inició el siglo XX con su “Dios ha muerto”, concluyendo así un proceso de debate en contra del cristianismo (aunque finalmente repercutiera en la totalidad del pensamiento religioso) iniciado en el siglo XVI con la Reforma. Con éste planteamiento queda, a mi parecer, definitivamente zanjado el asunto de la religión en tanto a su incapacidad para subsistir como institución social. Aunque esto no signifique que en el terreno de la metafísica la proposición de Nietzsche sea inapelable, es admirable reconocer que las perspectivas que él presentó a través de su obra se han ido materializando de acuerdo a la línea que planteaba. Su pensamiento define hoy una tendencia global, encabezada por Europa, en la que se está produciendo la muerte de la religión. Cada día la gente está mas lejos de ella, mientras que paralelamente, como parte del proceso de remoción, se manifiesta un acercamiento entre las principales religiones de acuerdo a sus planteamientos metafísicos, según son percibidos por la sociedad, es decir, no en las esferas directivas religiosas (que por norma general son los más ortodoxos) sino en las personas comunes que la conforman. Ahora se da más énfasis a los beneficios que cada quien pueda obtener de tal o cual religión sin temer que, por involucrarse con alguna distinta a la que pertenece por nacimiento, su alma esté eternamente condenada. Por tal razón, presenta características más filosóficas y menos religiosas en el sentido tradicional. En todo caso creo, igual que él, que la religión es una etapa de la humanidad que debe ser superada y en cuyo proceso irreversible estamos inmersos en nuestros tiempos.
La secularización de la religión en la entrada del siglo XXI tiende principalmente a una individualización de ella, a crear religiones personales que representan la pérdida de vigencia de la Iglesia como institución, evidenciándose en la proliferación de sectas y, más recientemente, incluso en la tendencia legislativa (Francia, por ejemplo, al prohibir el uso del velo islámico) que la considera como un tema privado, tratándola como tal y previniendo manifestaciones públicas de cualquier tipo de creencias. De esta manera pierde su carácter social producto de la irracionalidad, es decir, que deja de ser impositiva y dogmática y, por tanto, disminuye su autoridad sobre las masas.
La ciencia ha contribuido constante y crecientemente a rechazar los dogmas, principalmente cristianos, a través de estudios psicológicos, sociológicos, arqueológicos e históricos que refutan las antiguas creencias y las hacen muchas veces incompatibles con los hombres racionales de nuestra época, proceso que se inició con el racionalismo de Spinoza, Leibniz y Descartes; dejan de ser válidos en su interpretación estricta y ponen de manifiesto su valor en un sentido mucho más pragmático. Por eso, los países del tercer mundo son aún bastante afectos a la religión, al estar formados en su mayoría por una masa no culta, de donde resulta que son las sociedades con mayor crecimiento de adeptos y hacia donde están enfocando las diversas religiones (y sectas) sus planes para conseguirlos.
Pero frente a la inminente caída de la religión como instrumento social, debe surgir una revalorización de los principios que han resultado beneficiosos para la sociedad, en contrapunto a la evaluación a la que ha sido sometida desde la Reforma. Esta revalorización incluye la apertura hacia el conocimiento de las distintas religiones, apoyada por la globalización (en cuanto se refiere a intercambio cultural), que apuntala la importancia de la ética como eje central de los análisis. Observada bajo este lente, la religión podrá prescindir de sus cultos (la mayoría de los cuales en el fondo resultan ser supersticiosos) y proporcionar un soporte filosófico para la vida de las personas. Aquí radica la importancia de reconocerla desde su perspectiva histórica. (Continuará.... Ética histórica)

Wednesday, September 08, 2004

Nación

Cuando pienso en Guatemala, pienso en confusión; en un lienzo pequeñísimo abigarrado de razas que luchan por definirse y entenderse como conjunto. Somos en ese sentido un pueblo muy joven que busca una identidad y un nacionalismo. Necesidad entendible, pero perniciosa. Nación es una palabra que debemos superar. Tras el demos se esconden las mayores irresponsabilidades y los individuos más débiles.
La nacionalidad debe ser producto de un proceso que en Guatemala apenas se está iniciando. Somos un país formado por razas desarraigadas de su origen que deben forjar una historia en común, de donde surgirá necesariamente una identidad, sea esta en cada raza por separado o en el conjunto. La dificultad para conformarla se presenta principalmente en una división social cada vez más marcada, aparejada con una separación racial, que degenera en una lucha de clases.
Al arte le corresponde reflejar el desarrollo del cambio, no así surgiendo de una identidad ya asentada, sino como parte de un proceso de conformación que sugiere dos alternativas: la producción desde la individualidad de la clase social dominante, y la producción desde las masas, las cuales solo lograrán su representatividad en la medida que produzcan desde su mismo seno personajes capaces de disecarlas (tarea por demás difícil, tomando de ejemplo el largo proceso que sufrió Europa para poder producir arte desde la clase obrera).
Esto resulta evidente si reconocemos que la clase dominante no es capaz de recoger la realidad de una clase trabajadora que la excluye. El papel de las clases altas resulta ser, pues, el de dibujar un retrato de una sociedad dividida, reconociendo que la nacionalidad no puede ser asumida sino en la medida que se traduzcan las diferencias de raza, cultura e historia amalgamadas a fuerza de obligación, bajo una legislación y un estado, en un territorio común.
Los intelectuales y artistas del país (provenientes en su mayoría de las clases altas) deben su labor a negar la presunción de que Guatemala forma un frente consolidado, sino por el contrario, hacer patente el abismo que separa a los distintos sectores de la sociedad. Yo soy partidario de una siempre cambiante nación de la irreverencia que rompa el altar de la ensoberbecida e ilusa eterna primavera. Prefiero fundarla en el deseo de superarción de sí misma, de derribar los ídolos del pasado y de crear en un mundo distinto al del enfrentamiento dualista de la izquierda y la derecha, sin perderlo nunca de vista como realidad inminente.
Por mi parte, pretendo reconocer mi individualidad como el único papel que me toca jugar. No me considero parte de Guatemala. La Guatemala de hoy, para mí, no existe; le corresponde a otros. No es nada, porque mi patria va allá donde yo voy, lo demás es pura circunstancia. La llevo de la mano de lo que creo, de lo que soy. Por eso es una y la misma con la destrucción de lo previo, de lo que debe ser superado. Se queda allí. Es solo un fantasma. Para mí, vivir en Guatemala es un espejismo.

Mi abuelo nació en Santiago Atitlán, a orillas del lago. Creció rodeado de naturaleza y de indios. Cuenta que su padre le dio una cabra montaraz para que la criara. El se ocupaba de darle de comer, y a veces, incluso mamaba de su teta. Ese mundo que para él era pura Guatemala, no existe para mí. Yo crecí en los lindes de la ciudad, en una zona residencial lejos del chapinísimo humo de las camionetas, amamantado por leche de mi MTV.

EN ESPERA DE LA ESPERANZA por Estuardo Castro

La confusión de mi sangre no quiso verte morir.
Esperaba que vinieras sin tu lúgubre camisón.
Siempre necia, siempre triste, te querías desangrar.
Y yo esperando que murieras.

Tus arrugas, tus colores, la palidez de tu nombre.
No, yo no te espero, me desahucia tu espesor.
Espera muerta a que venga de la esperanza el matador.
Y yo esperando que te mueras.

En mis brazos se desangra la perla roja y verde.
El estertor de su pecho anuncia su final.
Fumemos en su honor un suave habano
Remojado en la copa que de gota en gota
Se llena con la flema del Quetzal.

Arranquemos de este árbol
El veneno que se toma entre vecinos.
Que se apresure nuestro hado,
Y esperemos que tras el trago
Sea dulce la visión de larga tierra
Que espera la esperanza
De una luz que espera el sol.

Wednesday, September 01, 2004

Adaptación.

Adaptación. Supervivencia. Discurre la existencia para nosotros los humanos con una dificultad desconocida para el resto de los seres de nuestro planeta. Nos lo cuentan las Escrituras, de como Adán y Eva comieron del árbol del conocimiento y nos relegaron a una vida en la que debemos proveer para nuestra subsistencia. Es una forma de explicarnos como el hombre dejó de ser hijo de la naturaleza y se asemejó un poco a Dios con el pensamiento, quedando en el paso intermedio entre uno y otro, presa del espíritu que sueña ávidamente con el escape del cuerpo carnal. Desde entonces debemos responder inexorablemente a esas dos realidades que nos enredan y confunden, y que nos obligan a adaptarnos, a sobrevivirnos.
En la tradición de este conflicto, la humanidad ha evolucionado entre principios antagónicos, del racional contra el piadoso, del humanismo contra el nihilismo, del idealismo contra el pragmatismo, del socialismo contra el capitalismo y en esencia, de lo terrenal contra lo divino. La tendencia en cualquier caso es satisfacer las necesidades básicas de subsistencia y seguir el camino del progreso, de la victoria del hombre sobre la naturaleza. Pero en los linderos de esta senda han existido siempre algunos hombres a los que el progreso les parece un tanto sórdido, un poco ilusorio y tal vez demasiado insidioso. Cuestionan cada paso que ha llevado a nuestra existencia a ser lo que es. Para ellos, las leyes deben ser cuestionadas y escritas con su propia mano antes de ser válidas. Son pecadores y viciosos, bohemios o simplemente rebeldes, espíritus en busca de liberación, dispuestos a buscarla en lo sucio y en lo mórbido del mundo.
La historia de la humanidad está escrita por esos hombres que nos cuentan de su escapada, dejando a su paso hitos con los que se pueda seguir su rastro y que han apasionado a los filósofos, literatos y religiosos a través de los siglos (y a la sicología en el anterior). Es una historia ingente que a mí, como a millones, me absorbe, me anonada y embelesa. A veces me parece distinguirla claramente, mientras otras me resulta insondable. Resuena en Fausto y en La Náusea, en Trópico de Capricornio y en Siddartha con un grito lejano de salvación. Pero más cerca, en mi familia y amigos, resuena casi siempre triste; porque son pocos los que logran encontrarla. Son demasiados los que se dejan ahogar. Digo que se dejan ahogar porque son escasos los que siquiera llegan a desesperar y a luchar por liberarse. A veces hasta la religión y el amor no son nada más que consuelo, una salida de emergencia que no implica liberación, pues no pueden salvar a nadie que no tenga la clave dentro de sí mismo. “La verdadera sabiduría y las verdaderas posibilidades de salvación no pueden aprenderse ni enseñarse; son únicamente para aquellos que están a punto de ahogarse.” escribió Hesse. Y es que la mayoría vive aferrada a un salvavidas que no los deja hundirse en el torbellino de las emociones y finalmente lograr vencer, o sucumbir. Quizá sea preferible dejarse arrastrar, seguir esa corriente que predice nuestra destrucción, porque solo allí puede encontrarse la respuesta. Mantenerse a flote me parece menos digno que dejarse arrollar por el oscurantismo que habita en nosotros.
Los opuestos se generan mutuamente, el principio tiene que suceder a un fin, la muerte a la vida y de igual manera la salvación, entendida como el camino hacia la libertad y en contraposición con la tristeza de la vida, no puede salir de otro lugar que de la perdición misma. Los individuos que se enfrentan a esa barrera opuesta a sus valores en cuanto a forma, si no se pierden irremediablemente, encuentran al final una fortaleza en sí mismos que hubiera sido imposible obtener por otros medios. Al ceder ante sus impulsos han logrado nacer desde su ocaso y descubrir que toda medida de sus acciones se encuentra en ellos. Este es el principio del individualismo cristiano, según el cual Jesús estableció que el hombre debía ser superior a las leyes, las cuales existían para él y no al contrario. Principio que se extiende parafraseado en el Tao o el Zen, por ejemplo, filosofías a las que aludo tan solo para evitar que de mí se tenga una idea demasiado cristiana.
El hombre dañino y maligno (si es que cabe la expresión) es aquél incapaz de enfrentarse a sus demonios, ponerlos al descubierto y superarlos. Ese es para mí el enemigo, el que hace del bien un fin en sí mismo.


THE URGE por Estuardo Castro
Las colinas de seda destilaban lozanía de su agua vital,
Tulipanes crecían donde los sueños en racimos brotaban.

Tulipán soberbio robaba un atisbo de princesa,
Fantasma, reflejo de sus ojos veleidad.
Bucólicos versos de sus hojas, sus pétalos,
Supuraban mezclados con sangre azul real.

Acaso la prímula con mefítico hedor
Apagó el dulce aroma invernal,
Dejando dormir a un prurito cansino
Bajo una límpida manta de chinches.

Pero la noche vaginal con fragor de tormenta se abrió,
Las corrientes rasgaron en jirones la seda,
Arrancado de cuajo tulipanes y sueños,
Y ahogando en su cauce a un puñado de cuervos.

Se abrieron las grietas, mostrando el subsuelo
Y un río de miasma corrió con el légamo.
Bailaron los sapos regodeándose impávidos,
En contra tiempo danzando el fétido compás.

Las tormentas pasaron, y la primavera y el oro,
La corriente sangrienta dimanaba del fondo.
El agua y el río, en la tormenta despiertos,
Y el cieno y la tierra en la savia durmiendo.

Mientras el río despierte el vacío en los ojos, espejo o cristal,
Con clamor en los labios la corriente violenta habla más con nosotros,
De los secretos del vientre, de Una inmanente vertiente.